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“Soy vieja” no significa lo que entienden

Cuando digo “soy vieja” es normalmente para indicar que lo que expreso lo dice alguien que ha llegado a esa edad humana. (Sugiero que se relea la frase para entender lo que pone, sin interpretar cosas que no expresa.)

Llegar a la vejez me parece increíble, lo celebro a diario, lo disfruto a diario, aunque aquí también hay trabajos de aprendizaje (como en todas las edades humanas, muchos menos, pero importantes). Yo no cambiaría esta fase por ninguna anterior, sin dudarlo un segundo no la cambiaría. Ser mujer en los patriarcados de violencia-prevalencia es muy pesado.

Si eres Mujer, la gente a tu alrededor siempre partirá de dudar de tu inteligencia, de que estés diciendo lo que quieres decir, de tu cordura, aunque te “quieran bien”. Si en general, en esta cultura y sus valores, lo normal es no escuchar, cuando además dices que eres vieja, saltarán todas las alarmas en lugar de entenderse por qué se da esa información. Entre la gente más joven suscitará condescendencia, “No eres vieja” (aunque es lo que eres ¡y lo ven!) y entre gente de tu edad, horror (como si ser vieja fuera tener un pie en la tumba, cuando morir es algo que ocurre mucho a todas las edades, y no te digo si además te matan). Ser vieja no es algo que suscite interés ni curiosidad, en general, ni respeto, claro. Lo que hará pronto la gente es corregirte, orientarte, «apoyarte», porque no piensan ni siquiera leen lo que pones, para entender el mensaje. No cabe en la cabeza que nadie pueda decir “Soy vieja” como información para que te ubiques, pues no igual decir algo desde la vejez que desde la juventud. No quiere decir que en la vejez todo el mundo tenga razón frente a la juventud. Este marco intepretativo patriarcal que perpetúa la guerra en todo y del que yo soy muy consciente para escapar a menudo. Pero sí quiere decir que hay posibilidades que esa persona haya observado, meditado y aprendido algo que podría tener algún valor para quien escucha o incluso la comunidad.

Como soy vieja, es decir, como vengo observando este problema de forzar a la gente a ver la vejez como algo malo, y desvalorizarla, todo principalmente sin mala intención desde que cumplí 50 años hasta hoy casi 12 años después, es decir, como no hablo sin haber observado (soy así, aunque vieja, de naturaleza viva, curiosa, de buscar conexiones y tranformaciones de lo malo, soluciones noviolentas; me gusta observar y/para comprender, y la imaginación la uso para mil cosas pero no para no escuchar lo que la gente dice), voy a recomendar algo:

Que antes de interpretar un mensaje, se lea con atención, sobre todo si el impulso es de inmediato a CORREGIR a la persona, particularmente a quien se identifica socialmente como Mujer (yo ya lo dije de pequeña, cuando me decían a cada paso que “Eso no es de niñas”: seré un saltamontes). Que antes de determinar que una mujer NO SABE LLAMARSE, no sabe lo que se dice, hagáis como se recomendaba cuando empezaron las redes sociales o hacia 2010, al menos entre gente que nos comunicábamos porque sabíamos las posibilidades de transformación social que representaba que cualquier persona pudiera acceder a todas las informaciones y a comunicarse con todo tipo de personas en internet: preguntar antes de responder para verificar si se ha interpretado bien el mensaje (sobre todo si ves muy claro que tienes que decirle algo a esa persona, sea “bueno o malo”). Porque a lo mejor has interpretado mal, y hay que verificar que entiendes lo que ha puesto la persona a la que vas a indicar que no sabe lo que se dice.

Yo no digo “soy mayor” porque es un comparativo, y esta edad para mí no depende de comparación alguna, tiene su propio estatus, su propio nombre: vieja, vejez. Y no digo nunca “soy vieja” desde el apocamiento, si se leen los mensajes donde aparece, se puede verificar porque el resto del mensaje le da un contexto que permite la correcta interpretación.

La edad anciana cubre todos los años de todas las edades anteriores, como dice mi amiga Marie (si no te matan, no te matas, o no mueres por alguna enfermedad). Digo soy vieja con orgullo por haber llegado aquí, me parece increíble y motivo de celebración diaria. Yo ya vivía al día, es una tendencia que heredo de mi madre, y de una familia con tendencias a librarse de la normalización inescapable por su amor al arte, a la creatividad, a la imaginación. Y éste sigue siendo para mí ahora en la vejez un enfoque muy bueno, vivir al día.

Esta edad es un lugar incomparable cuando no te has dejado (todo un inmenso forzarte de continuo), cuando has sobrevivido a tu sociedad y cultura sin perder tus cualidades humanas, cuando has atravesado sin perderte a pesar de la inmensa dificultad mil luchas añadidas a todas las demás, luchas para normalizarte, que es decir, someterte a la visión prevalente, tan destructiva y hostil a todo lo bueno humano. No cambiaría mi cabeza de hoy, por mi cabeza antes, cuando dudé tanto de mi criterio porque la gente no tiene vergüenza de ejercitar la dominación, el intento continuado de forzar a otras personas a ser como ven.

Lo expreso de nuevo. Ser (vista como) Mujer en esta sociedad ha sido un infierno de masiva falta de respeto a todas horas, desde mi infancia, adolescencia, juventud mayor, edad madura, siempre, por la obsesión cultural y social de normalizarnos a una identidad que nos es ajena. Como persona fundamentalmente empática, inteligente y altruista, he escuchado y considerado, por si yo estaba en un error, he incluso dudado de mí misma, dada la magnitud del consenso, hasta ver eso, que la inmensa mayoría no se da cuenta de cómo perpetúa la cultura de violencia-prevalencia a cada paso, porque lo importante es tener razón, ese forzar, para dominar, someter, porque la identidad se tiene necesariamente que construir a costa de otras identidades, es Ley del Padre, y merece todo el desprecio y las violencias posibles si no se acata esta ley. Yo he sobrevivido a todo esto conservando mi cabeza, y me parece un mérito llegar a la vejez, no sólo una suerte. Feliz de ser vieja.

Recomendaría que se prestara más atención al lenguaje que usamos y cómo nos comunicamos. Se vería más claro, aunque requiere un control del miedo o valentía que ciertamente nace de valorar más rescatar lo más humano porque la cultura nos ha perjudicado hasta la médula. Aunque la intención sea buena, interpretar el uso de la palabra “vieja” patriarcalmente sin salvación es perpetuar sus sistemas de capacitismo, edadismo, y misoginia. Es educarnos en decirnos que las mujeres no razonan, no saben lo que se dicen, ¡no saben cómo se llaman! (concebir que esto es posible viene de nuestra perpetuación del lenguaje androcéntrico, tan humillante porque cuando hablamos como personas nos suena mal usar el femenino, que supuestamente es un rasgo fundamental de quiénes somos; si te llamas en masculino, no te tienes ni el mínimo respeto de llamarte sola quien en principio dices que eres, por qué te va a respetar el resto de la sociedad). Es educarnos a pensar que ser vieja es tan malo que no puede ni nombrarse, que las únicas capacidades que importan pasan por ser joven, porque en realidad haber aprendido en la vida en esta guerra perpetua contra las identidades, para normalizar de acuerdo a valores terribles, autodestructivos, no merece ningún respeto.

En fin. Yo seguiré llamándome como me llamo. No existe ninguna posibilidad, desde mi conocimiento y experiencia, de que deje de llamarme vieja.

Fuente: https://www.mujerpalabra.net/blog/?p=6273 «Palabras. Cuaderno de apuntes de michelle renyé» En mujerpalabra.net > Creadoras

RESPETO A LAS IDENTIDADES COMO PROCESO-CAMINO DE AUTOCRÍTICA Y APRENDIZAJE AUTÓNOMO PARA LA SUPERACIÓN DE LA TARA IDEOLÓGICA QUE NOS TRAE LA MILENARIA CULTURA PATRIARCAL. Algo fundamental que todo el mundo puede hacer para construir sociedades humanas que superen la tara ideológica de considerar la violencia como único modo eficaz de tratar los problemas y las relaciones es el desarrollo de la inteligencia feminista, de una inteligencia que apuesta por la racionalidad empática para construir su comprensión del mundo y de las relaciones, en torno a la cuestión de la identidad, del respeto a las identidades humanas. Cuánto más crecería el mutuo apoyo y al tiempo el dejar vivir identidades individuales y colectivas diversas si se comprendiera esto. Es agotador lo poco que se comprende dentro del activismo cómo perpetuamos la ideología del sistema sexo-género patriarcal por cómo vemos a otras personas y las relaciones, siempre desde esa mentalidad de binomios contendientes donde uno debe prevalecer porque representa el bien y el otro ser aplastado porque representa el mal. Lo vemos entre gente con empatía y poca autocrítica en el movimiento social y en los partidos políticos y sindicatos, por ejemplo, cómo es común encontrar personas que creen que por haber dado con algunas buenas ideas pueden condenar a quienes no lo vean o a quienes no actúen o hablen igual, con sus mismas palabras. Es pesado y negativo, y sería sencillo abrir la cabeza-corazón al mundo humano, y entender que en cualquier caso todo es un proceso y sin respeto mutuo, haciendo lo mismo que hace la cultura patriarcal todos los días a través de la mayoría que acata los valores milenarios aprendidos y también de quienes creemos saber por donde tirar para superarlos: dar la espalda, condenar, invisibilizar, no tener en cuenta, difamar, no escuchar, no dialogar… Hay tantos ejemplos cotidianos, que desmoraliza poner a escribir un ensayo sobre esto. Es doloroso, sin duda. Porque no se ve su irracionalidad y violencia. No se comprende que la violencia coyuntural y estructural del complejo sistema de violencia del patriarcado la perpetuamos a diario con palabras, ideas, modos de hacer coherentes con los valores y visiones patriarcales. Las personas tenemos un potencial asombroso para construir las sociedades que como personas o minorías llevamos siglos imaginando y de alguna manera dando realidad (parcial siquiera) en nuestras vidas.

De la saga de Petra Kelly, dando otro pasito, desde un feminismo algo diferente, más en la creencia de que el respeto a la vida puede nacer y nace como mínimo también no de algo espiritual sino de la comprensión y el amor a la vida, y de que ser mujer o hombre en las sociedades patriarcales milenarias es una realidad pero no humana sino del sistema de la cultura, pues la humana es mucho más diversa (hay muchas más formas de ser mujer que la que se define en el sistema sexo-género patriarcal, que asocia ciertos genitales a un conjunto de funciones en la sociedad y cualidades de la mente, limitándonos y deshumanizándonos).

Para que pare un poco, que nos controlemos, en educar a las personas pequeñas en que es fundamental que YA digan si son niño o niña, porque son PERSONAS primero y porque además pueden ser niño o niña de muchas formas que el patriarcado ha perseguido siempre a través de nuestras visiones mayoritarias, intolerantes, inquisidoras, excluyentes…

A mí me parece que lo mínimo que puede hacer una persona con su inteligencia es desarrollarla. No me refiero a la ese desarrollo habitual, en el marco de la ideología patriarcal, sino a un desarrollo que parte de controlar el miedo y ejercer la solidaridad y sororidad, es decir, el amor (esa palabra tan ridícula en el patriarcado), desarrollo que dándose en ese marco inevitable del Sistema, es capaz de imaginación, pensamiento crítico, racionalidad empática; hace crecer la capacidad de compensar todas las brutalidades que somos capaces de pensar y todas las cosas buenas que somos capaces de no llegar a pensar, sin siquiera ver o saber que las pensamos y no pensamos, todo a causa de la educación patriarcal que conforma (aun hoy, cuando más personas parecen querer generar un cambio a sociedades menos violentas e injustas) nuestras culturas patriarcales brutales. La misoginia y el machismo inconsciente son profundos, y la incomprensión al tema del derecho humano de las mujeres a decidir si desean gestar, parir y ser madres, ilustrativa. Quien debe respetar es quien le pide respeto a sus víctimas u objetivos.

De un comentario anterior por un «debate» de esos que inician los y las misóginos inconscientes con la estrella del «respeto».

«¡¿QUE RESPETE?! Que digan que decirle a alguien que le impone la gestación, parto y maternidad a las mujeres que es asesino y torturador es No Respetar es VOMITIVO, por radicalmente y demencialmente INJUSTO. Es literal porque así ocurre: mueren mujeres todos los días por esta imposición, y no morirían si fuera legal o si el aborto fuera libre, y además, se fuerza a la gestación y todo lo que conlleva a mujeres, todos los días, y eso es TORTURA. Da asco moral que te digan que Respetes, que es un tema personal. TAN PERSONAL COMO QUE LO CONVIERTEN EN UN CRIMEN Y EN UNA TORTURA PORQUE NO PERMITEN QUE SEA UNA DECISIÓN PERSONAL?!
Qué injusta y violenta es la IGNORANCIA. LA FALTA DE EMPATÍA DE LA IDEOLOGÍA PATRIARCAL CON LAS MUJERES»