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Volver a Literatura La negra Angustias, preámbulo a una revolución trunca. El elemento afromexicano en la narrativa de la Revolución

Ir a webita de autora Margarita López López

El artículo “La negra Angustias, preámbulo a una revolución trunca. El elemento afromexicano en la narrativa de la revolución” fue anteriormente publicado como “La negra Angustias: preámbulo a una revolución trunca,” en Good Bandits, Warrior Women and Revolutionaries in Hispanic Culture. Ed. G. Keller. Impreso y en DVD. Tempe: Bilingual Press, 2010, 113-126

Versión imprimible (pdf 12 págs.)

The African presence in Mexico as a whole has historically
been minimized, if not ignored or even denied.

Francis D. Althoff, Jr.

En 1944, Francisco Rojas Gonzáles publicó su primera novela, La negra Angustias, la cual recibió el Premio Nacional de Literatura. Sus rasgos etnológicos son aportaciones significativas a la narrativa de la Revolución mexicana. Aún casi ochenta años después de publicarse, La negra Angustias (LNA) se distingue como preámbulo inconsecuente de una revolución trunca —la revolución por incorporar y reconocer la herencia africana en la ideología de mestizaje nacional, en la literatura, en la historia, en el arte y en otros registros culturales de México—. En general, según declara el antropólogo Aguirre Beltrán, cuya extensa obra etnológica se concentra en la población afromexicana, tanto en el círculo antropológico como el intelectual mexicano se ha mantenido deliberadamente una ideología de identidad nacional exclusiva que sumerge a la población negra en el subconsciente. Afirma Aguirre Beltrán:

Cuando los hombres de letras discurren sobre las raíces de nuestra nacionalidad se refieren única y exclusivamente al indio y al blanco… Si se ocupan del mestizaje y proponen la fusión de razas están pensando una vez más en el indio y el blanco; los conservadores con el propósito premeditado de blanquear el país, los liberales tal vez con el mismo fin, aunque no lo manifiestan. Ni unos ni otros discuten la mezcla con el negro, antes bien lo rehúyen. (1969, 53; énfasis mío)

De manera que, en un esfuerzo posrevolucionario por estudiar y reinterpretar la herencia nacional, Rojas González y el mundo intelectual tratan de definir en términos propios, trascendental e inauguralmente, la identidad de la nueva nación mexicana. Dicha obra se manifestó como campaña nacional y como esfuerzos individuales. Por un lado, la campaña nacional instituye sistemáticamente la ideología de mestizaje entre personas de origen indígena y europeo como identidad nacional. De gran influencia en dicha campaña y en el desarrollo del México moderno, se distingue José Vasconcelos, cuya obra famosa La raza cósmica expone su ideología de mestizaje:

Los tipos bajos de la especie serán absorbidos por el tipo superior. De esta suerte podría redimirse, por ejemplo, el negro, y poco a poco, por extinción voluntaria, las estirpes más feas irán cediendo el paso a las más hermosas. Las razas inferiores, al educarse, se harían menos prolíficas, y los mejores especímenes irán ascendiendo en una escala de mejoramiento étnico, cuyo tipo máximo no es precisamente el blanco sino esa nueva raza. (Vasconcelos 42-3; énfasis mío)

Por otro lado y para fines de este estudio, la novela LNA, con su trayectoria identitaria de la mulata revolucionaria, se considera como manifestación literaria del esfuerzo individual de Rojas por compensar el mestizaje homogeneizador y horroroso reafirmando ahora al elemento negro como agente activo en el devenir histórico de México.

Este estudio expone que LNA se ha mantenido en una laguna de omisión como resultado de la ideología del período nacionalista de aquella época y de su trascendencia en la literatura. En base a esto, el presente análisis parte de las siguientes dos premisas: 1) la especificidad de LNA corresponde al período nacionalista en que vive Rojas; y 2) las características distintivas del perfil etnológico y literario de Rojas demuestran su compromiso social para con las clases destituidas de México.

Siguiendo la corriente de sus contemporáneos, Rojas plantea el mestizaje en el trasfondo de la Revolución, pero se desvía del tradicional héroe revolucionario para crear la primera novela de este movimiento enfocada en el desarrollo individual de la heroína afromexicana. Por lo tanto, se examina esta obra como un dialogismo de ideologías de la identidad nacional embutidas en un discurso racial y feminista centrado en la protagonista Angustias como agente afromexicano activo en cuatro ambientes en que se (des)envuelve: 1) bajo el amparare de la indígena Crescencia; 2) bajo el tutelaje de su padre, el negro Antón; 3) como coronela zapatista; y 4) en su relación con el catrín Manolito.

Conspicuamente, la trayectoria identitaria de Angustias afirma la complejidad de creencias y tradiciones sobre las razas o castas en México. Primero, Angustias se inicia en un ambiente marcado por la crianza indígena recibida de la pobre y vieja bruja, doña Crescencia. En la pobreza, la niña Angustias “trabaja de sol a sol” desenvolviéndose bajo tradiciones aprendidas de la viuda Crescencia (Rojas, 12). In medias res, la lectura nos integra a un ambiente en que feliz y naturalmente cohabita la protagonista, quien “lavaba y cantaba” (9). La mulata está suscrita a la naturaleza mexicana y a una domesticidad que inculca recalcadamente el papel sumiso de la mujer –blanca, negra o indígena– para con el hombre. La indígena Crescencia, primero, y el padre de la protagonista– el negro Antón, después, insisten en infundirle que como mujer “está mocha” y un hombre la haría completa. En última instancia, el desenvolvimiento psicológico de la protagonista observado en sus subsiguientes facetas, revolucionaria y matrimonial, esclarece el nexo ideológico del autor entre la realidad social y la ficción literaria, evidenciado en un discurso racial y feminista.

En cuanto a la raza de Angustias, por medio de doña Crescencia se dan a conocer tempranamente sus antecedentes blancos maternos y negros paternos. Al regresar el padre de Angustias después de diez años de prisión, Crescencia le reafirma a este su parentesco subrayando su carácter y color al decirle: “—¡Válgame Dios, Antón Farrera! … No más véale la color. Mulata como usted. La madre … era blanca y fina; de ella sacó Angustias las facciones y de usted los ademanes, la resolución y lo prietillo” (13; énfasis mío).

Es por el color que Antón reconoce a Angustias como su propia hija y la lleva a vivir a su lado, determinando así un nuevo rumbo en la vida de la mulata. A saber, la separación de la herencia blanca al morir la madre, la inicial crianza indígena y la segunda y decisiva crianza bajo el padre negro son claves en la primacía que da el autor al origen racial —indígena y negro— en el movimiento revolucionario.

Cabe aquí subrayar que, en contraste con la conocida obra de la Revolución La muerte de Artemio Cruz (Fuentes, 1962), en que el origen negro del protagonista lo somete al margen de la historia en el argumento, en La negra Angustias se subraya un mestizaje en que dicho origen establece precedentes. Si en la obra de Fuentes mueren ambos mulatos —madre Isabel e hijo Artemio— excluyéndolos así del devenir histórico, en la obra de Rojas ambos, padre e hija Farrera, se instalan en la historia revolucionaria como agentes activos —el negro Antón como bandido heroico de numerosas hazañas, inmortalizado en el corrido de la Revolución, y la hija mulata como coronela en las tropas zapatistas.

La atmósfera de historicidad de LNA, con héroes nacionales como Zapata, ayuda a inclinar emocionalmente la lectura y a darle mayor verosimilitud a la protagonista. De manera que lo emotivo y dinámico del concepto revolucionario afromexicano, subrayado como herencia en la novela, esclarece, a manera costumbrista, el desarrollo y la inscripción de la coronela Angustias como agente histórico en la etapa sangrienta de la Revolución. Dicho trasfondo de violencia se despliega, paralelamente, de comienzo a fin de la novela, a un dialogismo ideológico racial y feminista entre los personajes, con la mulata como figura central.

A primera instancia, lo animalista y erótico exagerado, estereotípico de descripciones del grupo racial negro, es manifestado desde la niñez de Angustias pero aunado a un cuestionamiento de la omnipotencia viril bestial. Describe el narrador:

Angustias Farrera se iba transformando en otro ser. Los arrieros de tierra caliente, cuando pasaban cerca de ella, la miraban de muy particular manera y algunos tenían ciertas palabras dulces y hasta algunos ademanes provocativos… la mulata recordaba la horrible inquietud que se adueñaba de los machos cabríos. (Rojas, 20)

Y explica la experiencia espantosa de Angustias contra uno de sus perseguidores:

Siguió el acoso lúbrico y terco… la perseguía diciéndole frases rotas por carcajadas nerviosas… la muchacha tropezó y rodó por el suelo. Laureano, rápido, echóse sobre ella; … la niña logró desasirse del bestial atacante y huir. (21)

En cuanto al “dominio sobre los hombres, la derrota por el hombre culto y la vuelta a la nada de la protagonista”, Seymour Menton iguala a Angustias con doña Bárbara (Gallegos) en un estudio comparativo en que trata el carácter dominante y erótico en la trayectoria de ambas protagonistas. No concuerdo con esta afirmación ya que Angustias no es como doña Bárbara y su poder erótico único que ejerce sobre el hombre. Primeramente, Angustias ejerce su dominio sobre los hombres para el beneficio del movimiento revolucionario y para defender a la mujer del abuso, en tanto que doña Bárbara lo ejerce para beneficio personal. Segundo, la derrota de doña Bárbara por el hombre culto simboliza el bien sobre el mal, pero la derrota de Angustias por Manuel simboliza el dominio de la inmoralidad. Y finalmente, doña Bárbara desaparece en la nada al final, pero Angustias vuelve a la condición femenina tradicional de su época.

En LNA, la mulata muestra pugna ante el acoso abusivo del macho hacia la hembra indefensa y sufre la violencia viril y discriminación social por luchar contra tal acoso. Tal es el caso cuando la comunidad la juzga injustamente al encontrar el cuchillo del padre Antón en el cadáver de Laureano. Porfiado en su acoso, Laureano muere apuñalado al defenderse Angustias de ser su víctima. Como resultado de la afronta femenina y el castigo mortal contra dicho machismo, Angustias se ve forzada a abandonar al padre y huir al monte por acuchillar a quien trata de violarla. Irónicamente, en su fuga cae bajo el poderío del don Juan de El Rondeño, quien casi la convierte en su enésima violación sexual a no ser por la esposa que le ayuda a escapar.

Aún antes, cuando el rico ganadero Eutimio Reyes se presenta ante el negro Antón para pedir la mano de la mulata para su hijo, Angustias se siente acosada y sólo piensa en el pretendiente como “uno de tantos machos hinchados de vanidad y empecinados de repugnante lujuria” (Rojas, 27). Después responde Angustias, “[m]entira… Esa es mentira, yo no quiero para nada a los machos…” cuando el padre le dice “ya estás pidiendo a gritos un macho que te quebrante y te acomplete”, reafirmando las creencias de la indígena Crescencia (29; énfasis mío).

Aunque su rechazo del joven acomodado no es de carácter racial, la comunidad entera responde como si lo fuera y muestra su discriminación hacia ambos padre e hija vociferando infamias al “horrible mulato de antecedentes vergonzosos” y a la “mulata [que] despreciaba a los machos porque las mujeres la atraían en forma pecaminosa” (30), a quien “pretendían haber visto… desgreñada y jadeante, correr tras una niña y rodar abrazada de ella presa de un diabólico frenesí” (31). Como resultado, el antes heroico negro ahora es forzado al aislamiento. Por su parte, a Angustias la apedrean casi a punto de matarla, a no ser por Crescencia quien logra salvarla con una simbólica intervención y limpia espiritual en que hace partícipes a varias mujeres de la comunidad misma.

Más aún, bajo el tutelaje del padre Antón, Angustias llega a formarse y compartir con este una memoria de un pasado común. La ambivalencia de la comunidad en aceptar el carácter rebelde de padre e hija se concibe dentro del trasfondo de la Revolución. De manera que la exclusión, el racismo y los estereotipos sufridos por ambos, son compensados por el reconocimiento de sus contribuciones revolucionarias. En este hilo, el orgullo y aprecio por el generoso bandido protector de los pobres son observados como derechos y deberes del negro Antón como miembro de la comunidad. Además, la valentía y negritud heredadas del padre —claves en el (des)envolvimiento revolucionario de Angustias— junto con su rebeldía contra la sumisión ante el hombre, llegan a ser apreciadas por la comunidad como parte de este carácter revolucionario.

Irónicamente, la serie de fugas del acoso masculino literalmente llevan a la protagonista a la acción revolucionaria. Una vez que escucha al pueblo de Real de Ánimas hablar de hazañas revolucionarias y cantar el corrido sobre su heroico padre, Angustias se forma una visión de su propia condición étnico-cultural que la lanza a convertirse en coronela, seguir el ejemplo de su padre e impartir justicia entre los pobres. Cabe aquí subrayar que la inclusión explícita del corrido sobre el negro Antón en LNA no sólo establece una fuerte vinculación con el pueblo en la narrativa, en tanto que utiliza su propio lenguaje sencillo, sino que además, como forma de memoria popular, genera y reafirma una identidad colectiva nacional que contrarresta la sistemática de borrar el elemento negro del concepto de mestizaje indoeuropeo instituido por la campaña nacional cultural. Canta la voz fresca de una muchacha:

Antón Farrera el mulato
era un ladrón justiciero
jamás robaba a los probes,
antes les daba dinero… (81)

Resuelta, Angustias se enrola en la tropa zapatista que reconoce su linaje heroico y la toma como coronela. En un estudio feminista de Angustias, Poniatowska declara que huyendo del asedio de los “revolucionarios”, la protagonista se hace ahora coronela y gana el respeto de estos. Su rebeldía y dominio sobre los hombres ahora la convierten en personaje espectacular, y la ambigüedad social asume un matiz positivo manifestado en el respeto hacia la mulata castigadora del hombre que abusa de la mujer. Además, como revolucionaria mexicana, Angustias lleva al extremo su papel sexual e invierte muchos estereotipos. No sólo se viste de hombre al hacerse coronela, sino que reafirma su castigo severo del abuso de los hombres para con la mujer, primeramente, al sentenciar a nombre de las mujeres al Don Juan de El Rondeño, haciendo que lo castren (71).

Aunque las “soldaderas” se han representado de muchas formas en la literatura, la historia y el arte, las de herencia afromexicana son escasas. La novelística de la Revolución ha constatado esto. Estas obras literarias, vastas y variadas estilísticamente, han complementado los documentos históricos para revelar algo más allá, algo que ayuda a determinar lo que apreciaba o despreciaba la sociedad de la época.

En cuanto a la imagen que se le dio en el arte a la soldadera en esa época, Poniatowska comenta que:

José Clemente Orozco pintó a las soldaderas en forma despectiva y caricaturesca, borrachas, el rebozo caído, desaliñadas fodongas al lado de sus hombres muy bien uniformados, viva imagen de la Pintada. Mientras Silvestre Revueltas compone La Coronela, Rufino Tamayo retrata a las soldaderas en un fragmento de su mural Revolución y Siqueiros las muestra de pie junto a sus Juanes. Diego Rivera pintó a una soldadera en su Sueño de un domingo por la tarde en la Alameda ensombrerada y con su rifle al hombro. (Las soldaderas 25)

Asimismo, el hidrocálido José Guadalupe Posada incluye grabados de calaveras revolucionarias, algunas de ellas negras. Más aún, Elizabeth Salas trata la presencia de soldaderas afromexicanas en su obra Soldaderas in the Mexican Military: Myth and History (Salas 87). Poniatowska, por su parte, cita una numerosa lista de nombres que ofrece su personaje Jesusa (Hasta no verte, Jesús mío 1969) y otra lista de Salas (Soldaderas). Concluye Poniatowska en su obra Las soldaderas (1999) que “[a]hora las etiquetamos por igual, sin distinción de bandos, como ‘adelitas’”. Después explica Poniatowska: “El que nunca hayan tenido un nombre específico o una participación clara en la milicia se debe al tradicional ninguneo de la mujer en México y al temor de los jefes militares a que ascendieran y llegaran a ocupar cargos de relevancia dentro de las fuerzas armadas” (Las soldaderas 22).

Calavera de don Folias y el negrito de José Guadalupe PosadaCalavera de don Folias y el negrito de José Guadalupe Posada

En el caso de LNA, Rojas mira más allá de la crueldad deshumanizadora de la Revolución y embute un discurso racial sobre la heroína afromexicana y su lugar en la sociedad. La etapa revolucionaria en la vida de la protagonista crea una apertura  en la narrativa para dicho discurso. De este modo, Rojas logra enfocar el interés novelístico en la contemplación de lo afromexicano como parte de la personalidad mexicana. En este hilo, el autor retrata y exhibe en la protagonista intrepidez y liberalidad impropias de lo que la cultura mexicana entiende por roles femeninos adecuados. Totalmente comprometida, la mulata declara sus ideales en la lucha de los de abajo: “Los probes tienen que ser menos probes…, los ricos tienen que ser menos ricos. Deberían, pues, pelear todos hasta llegar a cristalizar la ilusión. Entonces los que vienen detrás, los niños sucios y enfermizos, los niños ateridos y los hambrientos, encontrarían un mundo mejor” (94).
Calavera revolucionaria de José Guadalupe PosadaCalavera revolucionaria de José Guadalupe Posada

La mulata se caracteriza por su simpatía con el movimiento de los sufridos pobres contra los ricos opresores. Mediante la protagonista Angustias, el autor comprometido esclarece un punto de contacto entre la realidad de la sociedad angustiada y el llamado a la lucha del pueblo unido. Por la fuerza dramática e interés humano de Angustias es fácil entender la lealtad con que la siguen sus tropas. Les dice un viejo a sus hijos al entregárselos a la coronela:

—¡Bien haiga lo fino! —dijo entusiasmado el viejo, para luego dirigirse a sus hijos—: ¡Síganla con fe y con respeto. Cuídenla y defiéndanla… Trae en sus venas sangre de peleadores y en su pecho ganas de remediar sus males. Llegó ahoy el momento que esperamos desde hace muchos años; no lo desperdicien, por vi’Dios… ¡Lástima de ser tan viejo! (85)

Con su reciedumbre, Angustia reta, además, la noción de superioridad masculina al defender a una prostituta a quien no se le iba a pagar. El sensible Bicicleto observa el carácter de la protagonista y asevera “[l]ástima que el más hombre de todos sea mujer” (129). Por consiguiente, el carácter abusivo del hombre realza en Angustias su reciedumbre como virtud, y el esperado papel del hombre como protector no sólo lo desempeña ahora una mujer, sino que, según observa el Bicicleto, lo hace mejor que el hombre mismo. De este modo, el discurso feminista y racial glorifica las virtudes de la coronela mulata y la fija como agente activa en el grupo revolucionario.

Subsiguientemente, el ritmo acelerado de la acción revolucionaria apuntala los cambios y transiciones en el desarrollo final de la protagonista. Las trayectorias de la Revolución y del desenvolvimiento de la mulata eventualmente llegan a un punto de contacto. En esta instancia, el texto se abre a un esencial develamiento de pensamientos y actitudes de la burguesía, los filósofos científicos revolucionarios y la plebe. La peroración ideológica del autor con respecto a estos tres grupos es fundamental para entender el destino de Angustias puesto que devela una serie de prejuicios hacia las clases marginadas asociada con la desilusión de la Revolución en la narrativa.

Primeramente, en un momento de debilidad, amargura y decepción del grupo de Angustias, se introduce el científico revolucionario Enrique Pérez Gómez quien los escucha para luego hablarles con voz fuerte, explicándoles el porqué de su desilusión:

…En realidad, no es de extrañar que cierta amargura y algo de decepción se hayan apoderado de ustedes; … La desconfianza de la masa en sus propias conquistas se patentiza a medida que la ignorancia, o la falta de información… es más peculiar de la misma masa… ; esta revolución trae un defecto de origen que debemos remediar; es de padres desconocidos. (146-7; énfasis mío)

Explica Pérez Gómez, además, que su propio despecho al régimen dictatorial lo ha llevado a las masas, “a los que la soberbia ignorancia del licenciado Enrique Pérez Gómez, Senior llama latrofacciosos y robavacas” (énfasis mío). El filósofo político se muestra a sí mismo ofendido por la actitud de su familia burguesa y porque es juzgado injustamente por el pueblo. Considerándolo necesario, esclarece su verdadero propósito reafirmando que está “[D]ispuesto a imprimir a este movimiento un cauce científico, en el verdadero sentido de la palabra, no en el que el pueblo ha dado a ese grupo de encumbrados hasta ayer en torno de la figura de Porfirio Díaz” (148).

Aunque no logra persuadir al grupo, Pérez Gómez no se desanima y se retira para continuar en su propio rumbo revolucionario, pero no sin haber plantado en Angustias la semilla de la curiosidad por el conocimiento. La negra toma mayor conciencia de su propia situación y su necesidad de aprender. Reflexiona en voz alta: “—Hay que saber para saber… Bien dijo el catrín que ayer nos echó el discurso. Nosotros así como estamos no semos para el caso… ¡Hay que saber para saber!” (157).

En esta faceta narrativa, el análisis del papel de las mujeres asume mayor importancia dentro del discurso de identidad nacional y los ideales de la Revolución. Mediante una marcada yuxtaposición de 1) respuestas y comportamientos de Angustias ante el profesorcito Manuel de la Reguera y Pérez Cacho y 2) el carácter revolucionario de esta, se expone eventualmente la desilusión de la Revolución aunada a la sumisión de la protagonista. Explícitamente, la llegada permanente del profesorcito a la vida de Angustias marca la trayectoria final de la protagonista.

En sus primeras clases de alfabetización, Manuel establece su postura en cuanto a la mujer y trata de descartar a la mulata de su papel en la Revolución al sugerir que “el oficio que… ha escogido no es propio para mujeres… ¡Deje usted a los hombres que arreglen el mundo!” (160). A lo cual responde Angustias, “[E]l día en que las mujeres téngamos la mesma facilidad que los calzonudos, pos entonces habrá en el mundo más gentes que piensen, y no es lo mesmo que piense uno a que piensen dos… ¿O qué opina?” (160).

La revolucionaria reafirma sus ideales feministas, pero en lugar de disputar los prejuicios de Manuel se abre a su opinión porque, según ella, puede aprender de él. Este punto vulnerable de la protagonista es presagio de la subsiguiente caída en la trampa de su patrañero. Ante el desprecio que le manifiesta Manuel por no ser de su clase, explicando este que su unión con ella “sería considerada por la gente más que como un matrimonio como una cruzada absurda” (176), Angustias parece defenderse a dicha ofensa:

No, hijo, nada de cruzas absurdas. Es necesario que sepas que yo siento un asco terrible por los hombres; que los detesto y los odio por crueles y ordinarios, pero que me siento cabal para ser amiga de algunos y de soportarlos cerca de mí; no para que me empreñen sino de esos que sepan enseñarme algo de lo mucho que tú sabes de letras y de geografía… Por eso resolví cargar contigo y con tus melindres de señoría. (190)

No obstante, a fin de cuentas, aunque se casa con el profesorcito, su sombrío devenir se hace notar, aun en la naturaleza:

El gris del atardecer era en todas partes… ; mientras que la araña, terminado hasta el último detalle de su falaz ingenio, dejaba, somnolienta, a la imprudencia de los insectos la posibilidad de una cena tierna y apetitosa… Angustias volteó la cara en busca de su maestro… que había abandonado sigilosamente el salón. La mujer, con el cuerpo y el espíritu quebrantados, buscó salida entre la penumbra… estaba… completamente sola; … “sus” hombres, habían salido. (176-7)

Eventual e irónicamente, aunque la mulata aprende a leer y escribir, su desarrollo queda impedido al grado que su brío se torna en sumisión como mujer y en abandono como revolucionaria. Esta transformación, en que la coronela anonadada se deja afectar por el rubio profesor, abandonando la Revolución y convirtiéndose en esposa sumisa y madre abnegada, se abre a diferentes interpretaciones.

A primera instancia, este destino final de Angustias podría interpretarse simplemente como la reafirmación de que, a fin de cuentas, no hay lugar para una coronela mulata en el México revolucionario. Aunque se ha luchado, el triunfo es efímero pues al fin del recorrido se encuentra el status quo: la coronela mulata es prescindida de su participación heroica en la Revolución y robada de su pensión por el intelectual traidor; la mujer queda encasillada a la domesticidad, sirviéndole al esposo que la desprecia; y la sociedad regresa a la paz y el orden tradicional. Se cumple así la sentencia de la indígena Crescencia en que Angustias deja de “ser mocha” para hacerse “hembra completa” con el hombre que ha de quebrantarla (198). Dicho final, al parecer incongruente con el carácter revolucionario que muestra la protagonista en el resto de la novela, es sustituido por uno memorable en la película del mismo nombre.

La directora de cine Matilde Landeta no acepta el destino de sumisión de Angustias en la novela y asigna a la protagonista otro destino en la película. De esta manera, Angustias ahora se muestra llena de moños y vestida de muñequita ante el profesorcito, pero al final es capaz de sobreponerse al desprecio del profesorcito siguiendo su vida como revolucionaria (Landeta). Explica Landeta que la sumisión hace de las mujeres madrecitas abnegadas que se dejan humillar.

Empero, la crítica del status quo se inclina a una nueva lectura de la novela dentro de su contexto histórico de la Revolución y como producto tácito del periodo cultural posrevolucionario. En el hilo narrativo se refleja el pensamiento etnológico de la obra de Rojas y su compromiso social para con los de abajo. Con la obstaculización final del desarrollo protagonístico negro en la novela, Rojas demuestra, además, su desilusión del movimiento revolucionario fallido.

De modo implícito, se concreta esta desilusión a medida que “las mesnadas de los endurecidos intereses” con sus “armas y técnicas modernas” se imponen “contra una trinchera de corazones”, “incendiando los jacales y las cosechas” y encauzando a “las chusmas rebeldes a las montañas”. La mulata misma presencia el discurso triunfante de Pérez Gómez, ahora comisionado del gobierno que llega a tomar la plaza en Cuernavaca. Escucha la proclama del científico mientras que:

Poco a poco… se fué acercando… hizo entonces un esfuerzo supremo y pudo descifrar a medias el último concepto… “La Revolución, ciudadanos, no la hacen los ignaros; la Revolución es hija de los pensadores, de los preparados… Nosotros propugnamos un movimiento libertario de orden científico, en donde la acción de la masa quede subordinada a los dictados de los que saben, de los que entienden y no al apetito de los muertos de hambre. Hay que aprovechar racionalmente esta conmoción, en servicio de toda la gran familia mexicana”. (Rojas 182-3; énfasis mío)

Más aún, se establece un nexo entre la trayectoria final de la Revolución y la de la mulata al yuxtaponerse textualmente el devenir de la Revolución con los acontecimientos personales de Angustias quien se repite a sí misma:

“...[D]onde la acción de la masa quede subordinada”, … queriendo penetrar en el significado de aquel concepto. Ya cuando creía tener la solución venía a la mente otra frase no menos transcendente: aquella que, silbante, salió horas antes de los finos labios de Manuel de la Reguera y Pérez Cacho: “...mi unión con usted sería considerada como una cruza…” (183)

Ni la Revolución, ni Angustias, llegan a su pretendido destino. Así como los más aprovechados, el científico entre ellos, corrompen los ideales de la Revolución subyugando al pueblo, la mulata se somete al “dominio” racista y machista de Manolo, suprimiéndola como agente activa —de la Revolución como coronela, de la identidad nacional como mulata y de la sociedad como mujer. 

La crítica dirigida a la antes revolucionaria mulata por “resbalosa” que se deja dominar desgraciadamente por el pretendiente menos digno, un hombre delicado, rubio y de clase alta, es análoga de la crítica dirigida a los muchos dirigentes de la Revolución que dejan sus ideales atrás por el beneficio propio. Así como Angustias se enamora de Manuel, lo rapta y se casa con él aunque la lleva a la caída del olvido, los líderes revolucionarios se embelesan con el poder adquirido, lo toman propio y lo reglamentan repercutiendo en los ideales de la Revolución.

En sí, la estructura circular de la novela marca la trayectoria de la población afromexicana en la ideología identitaria nacional y su trascendencia en el México posrevolucionario. Como a un principio, al final se describe a la mulata en el ambiente doméstico: “[E]lla, ‘la de la casa chica’, lavaba y cantaba… pero cantaba canciones ajenas: … [d]entro de una cunita, un pequeño de piel obscura y ojos verdes escuchaba embelesado el dulce canto materno, que se trenzaba con los gorjeos del mirlo prisionero” (227-8).

Si al principio la mulata canta como el jilguero alegre y aunado a la naturaleza, al final su canto se trenza con el llanto del mirlo enjaulado. El niño como el mirlo, por ahora, sólo siguen la voz de la mulata.

Sin embargo, es entre el principio y el fin cuando se escucha la voz silenciada de la mulata. El texto de Rojas se abre al dialogismo racial y la significación de la negra revolucionaria en el devenir histórico de México. En el contorno revolucionario, la mulata y los pobres se lanzan a una lucha que temporalmente los hace dueños de su destino. Aunque los signos indiquen lo difícil del triunfo, se recalca la importancia de emprender el camino, de buscar otros senderos. En el cerro de El Jilguero escuchan los serranos en torno del coronel Concho su voz firme que les dice, “—Naiden debe negarle a la mulata su condición de jefa… Sin sus tamaños, ni yo, ni ustedes, nos hubiéramos decidido a entrarle parejo a los plomazos…” (224).

Precisamente por aceptar este reto y desafiar con sus acciones lo establecido, es que Angustias tiene vigencia como protagonista y como símbolo femenino afromexicano, pero, sobre todo, como alegoría de un movimiento que, como ella, quiso romper con la inercia y el estancamiento para dar cabida a todos y todas en una nueva sociedad. Aunque parezca inútil, hay que emprender el camino. Angustias así lo hizo.

 

OBRAS CITADAS

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Publicado en mujerpalabra.net en julio 2022